Porque la escala es logarítmica: cada punto de más son unas 10 veces más amplitud en el sismógrafo y unas 32 veces más energía. Los logaritmos convierten lo que crece multiplicando en números que suben de a uno, y por eso miden sismos, sonido en decibeles y acidez en pH.
Quién lo necesitó. John Napier los publicó en 1614 para quitarles a astrónomos y navegantes el trabajo de multiplicar a mano números enormes: con logaritmos, multiplicar se volvía sumar.